Antagonismo, articulación e ideología. Tres conceptos para pensar los movimientos sociales.

Antagonismo, articulación e ideología. Tres conceptos para pensar los movimientos sociales.

Agustín Nava Cozatl

 

I

Una característica de la contemporaneidad es la constante denuncia y señalamiento de  dominación y desigualdad en diversos ámbitos y espacios en nuestras sociedades: pensemos por ejemplo en la denuncia del machismo y el sexismo como formas de exclusión y violencia simbólica hacia las mujeres y ciertos grupos sociales, pensemos en el señalamiento de la marginación y discriminación que sufren los pueblos étnicos mantenidos al margen de las civilizaciones metropolitanas, pensemos además en la visibilización y denuncia de prácticas que antes no se mostraban abiertamente de manera pública como los casos de corrupción y nepotismo que acontecen en la esfera política de nuestra sociedad.

Es un hecho que hay en nuestro panorama una tendencia a visibilizar y denunciar la violencia e injusticias que acontecen en la sociedad. Esto es muestra de que el ideal de sociedades más justas e igualitarias sigue de pie en la actualidad.

En este contexto, los movimientos sociales se presentan como un aspecto importante en la consecución de sociedades más plenas y justas. En esta disertación quisiera exponer tres conceptos desarrollados por la denominada Izquierda lacaniana[1] (Stavrakakis, 2010) que permiten pensar filosóficamente los movimientos sociales como agentes de proposición de cambios sustantivos en las sociedades.

Dichos conceptos son los Antagonismo, Articulación e Ideología. Conceptos trabajados, como se dijo, desde la perspectiva de los autores de la denominada Izquierda lacaniana (Ernesto laclau, Chantal Mouffe, Judith Butler y Slavoj Žižek).

II

El planteamiento central de los teóricos de la izquierda lacaniana puede representarse en la frase “tener en cuenta la falla” ¿Qué es lo que quiere decir esto?

Como sabemos, como seres de lenguaje y pensamiento,  tenemos la pretensión de lograr abarcar, conocer y explicar toda la realidad, para ello constituimos saberes, teorías y métodos; contamos con saberes tan elaborados y exactos como la ciencia. Pero pronto también advertimos que esa misma realidad elude los intentos humanos por conocerla y explicarla de manera completa y de una vez por todas. La realidad pronto hace ver que toda teoría y conocimiento es incapaz de abarcarla: ejemplo de ello es la especialización constante a la que tienden cada vez más las ciencias, el hecho de que en la misma ciencia se llegue a posturas encontradas o contrarias (Como la física tradicional y la física cuántica). Cuando nos referimos al ámbito de las relaciones sociales, aún más las teorías muestran su incapacidad para conocer y explicar la realidad. Nuestra confianza en la razón y los métodos que produce para guiar las acciones sociales todavía más topan una y otra vez con los obstáculos que la misma realidad social impone.

Ocurre que en la realidad y la experiencia hay algo que siempre escapa a todo esfuerzo teórico que lo pretende captarla en su totalidad. Esta imposibilidad de la teoría por abarcar la totalidad de la experiencia es lo que en psicoanálisis lacaniano se conoce como lo Real[2]; en teoría psicoanalítica lo simbólico, el lenguaje siempre se muestra incapaz para captar el ámbito de lo Real, aquello que está más allá del ámbito simbólico. Lo Real es un límite a todo intento de simbolización o interpretación de la realidad.

Pero que lo Real ponga límites al intento por abarcar y aprender la totalidad de la experiencia no conduce necesariamente a una declinación de la simbolización y la teorización, pues este extremo también es imposible. La postura lacaniana es que no debemos renunciar a la simbolización de la realidad, y de lo Real, pero teniendo en cuenta y sin olvidar su fracaso constitutivo, se trata de continuar en la práctica de teorización reconociendo que abarcar lo Real completamente es imposible y al mismo tiempo integrar esa falla en la simbolización.

Tal es el planteamiento consistente en tener en cuenta la falla.

Ahora bien, desde la perspectiva de los teóricos de la izquierda lacaniana cuando nos centramos en el campo social también nos encontramos con límites, tanto en la pretensión de conocer la sociedad de manera completa, como en la pretensión de realizarla completamente. Y a esta falla en la realización total de la sociedad la llaman Antagonismo, el antagonismo es algo que se inscribe en el interior mismo de la sociedad, señala la falla y el fracaso necesario de todo intento por clausurar y cerrar definitivamente a la sociedad como algo orgánico y completo. El concepto designa y reconoce que en el núcleo de la sociedad (a riesgo de caer en una posición esencialista) hay una lucha o grieta imposible de llenar o salvar.

El concepto de Antagonismo como limité intrínseco de la sociedad es de especial relevancia, a mi parecer, porque se constituye como una categoría o herramienta para pensar ciertos fenómenos sociales: como la exclusión de ciertos sectores sociales en nombre de una sociedad proclamada, el Fascismo y el Nazismo como formas de manejar, trasponer y proyectar el antagonismo inherente de la sociedades hacia otro elementos externos. De manera llana el antagonismo es algo que debe ser reconocido y tomado en cuenta en toda práctica social, pues su omisión o no reconocimiento conduce en la práctica a estos fenómenos sociales de totalitarismo y violencia.

Para el caso de los movimientos sociales, que es lo que me interesa poner en relación con estos conceptos, el concepto de Antagonismo da sustento o base a la posibilidad de los movimiento sociales: Puesto que las sociedades no son nunca completamente plenas, armoniosas y orgánicas, se entiende que los movimientos sociales sean una manera de denunciar y visibilizar las injusticias e inequidades de las sociedades al mismo tiempo que intentan promover cambios en las mismas sociedades.

III

 

Del hecho de reconocer un antagonismo inherente en toda sociedad se sigue la siguiente conclusión: que en la sociedad misma no hay nada que pueda considerarse o reconocerse como esencial o fundamental para ella, esto es, no podemos suponer que uno de los elementos que componen la sociedad es central o es la base de la misma. En este sentido no se puede  considerar en la sociedad algo ya preestablecido, algo que se deba llegar, o como alguna organización que la trascienda.

De esta consideración pasamos al siguiente concepto: el de articulación. En esta concepción (a la que Butler y Laclau se ciñen principalmente) articulación es una categoría opuesta a la de mediación (Laclau, 2011). Ambos conceptos parten de considerar un conjunto de elementos diversos, sí se considera que dichos elementos de un conjunto tienen un propósito específico hacia el cual ellos tienden y este propósito es quien de alguna manera los organiza y les da identidad, hablamos de mediación; mientras que si consideramos ese conjunto de elementos como un conjunto donde cada elemento tiene identidad propia y su organización se debe más bien a prácticas contingentes y externas, entonces nos referimos a la articulación.

Mientras que la mediación supone una unidad fijada de antemano y que trasciende al conjunto en un conjunto, la articulación supone que la unidad que se logra dar en un conjunto es una práctica contingente y resultado de prácticas externas al conjunto, externa en tanto esa organización no está dada o contenida en uno de los elementos.

Tomando partido por el concepto de articulación resulta que la identidad de un conjunto de elementos diversos con identidad propia es un resultado contingente y externo, y solo desde esa articulación se puede postular una identidad. A eso se le llama, en esta perspectiva, discurso. El discurso es, de esta manera, es una práctica que va más allá de ser sólo una actividad neutral de conocimiento, el discurso es una práctica articulatoria, organiza elementos y partes, y para el caso que nos ocupa, relaciones sociales.

El discurso es el resultado de una práctica articulatoria y, a su vez, tiene un efecto performativo sobre los elementos o partes que organiza o articula.

¿Qué quiere decir todo esto para el tema de la sociedad y los movimientos sociales? Básicamente  que la articulación supone que ninguna de las identidades sociales tiene su identidad y lugar fijo y asegurado en el campo social, puesto que dicho lugar o posición esta articulado de manera contingente. En la sociedad no hay fijación o identidad absoluta, pero tampoco no-fijación absoluta. La sociedad está dominada, retomando ideas del psicoanálisis, por un exceso, cierto exceso que se manifiesta como el deseo de ocupar el lugar central del campo social, pero al mismo tiempo este lugar es un no-lugar en el sentido de que nunca logra ser ocupado completamente. La sociedad es más bien ese esfuerzo por conseguir ese centro, un esfuerzo de las identidades sociales por detener las diferencias.

En el campo social, que un grupo social o una clase social se haga de la representación de la sociedad y en base a esto pueda trazar una oposición con el sistema político dominante, lo llaman estos autores (sobre todo Laclau y Mouffe) Hegemonía. La hegemonía es la práctica articulatoria consistente en organizar y declarar cierta equivalencia o unidad de los grupos sociales que conforman una sociedad. Con esto damos pie a nuestro tercer concepto: el de Ideología.

IV

El concepto de ideología, con su presencia a lo largo de la teoría marxista, tiene una gran afinidad con los conceptos de articulación, antagonismo y hegemonía. A decir de Slavoj Žižek, la ideología actúa a través del antagonismo.

Rescatemos de manera breve lo que nos es interesante de este concepto:

El concepto de ideología tiene una larga tradición que podemos remontar desde autores como Bacon, Condillac y Destutt de Tracy, pero el concepto de ideología o la idea de esta que nos interesa se origina en Marx. Pero si bien es Marx quien da el sentido moderno de ideología también es el responsable de heredarnos toda una diversidad y problemática respecto a este concepto. Pues él no dejo una teoría sistemática sobre este concepto, sino las breves menciones del término ideología en algunas ocasiones y no con un sentido o significación unívoca. Razón por la cual los teóricos del marxismo han desarrollado, a partir de lo enunciado por Marx, diversas concepciones de este término y también han discrepado en el peso o importancia que este concepto desempeña en la consecución de los ideales marxistas.

En Marx hay dos menciones del término Ideología que son las que originan la problemática del mismo: La ideología como un conjunto de saberes e ideas que contienen los intereses de una determinada clase social (Marx K. y., 1970) – esto se hace patente la mención indirecta del termino ideología en La Ideología alemana –  y la de la ideología como el conjunto de saberes jurídicos, políticos, religiosos, artísticos y filosóficos que son distintos de la ciencia económica y que están determinados por la base económica de la sociedad (Marx K. , 1989). En esta última definición está contenida la creencia de que la ideología es una falsa conciencia en tanto no es consciente de su base económica-material.

Estas definiciones a partir de Marx comenzaron con la problemática de la multiplicidad de formas de entender la ideología, maneras que podemos decir que tienen como común denominador considerar a la ideología de manera o bien despectiva o bien de manera secundaria por oponerse al conocimiento objetivo de la sociedad y al estar anclada en la determinación real de la economía. No obstante en Antonio Gramsci la ideología toma una acepción más positiva para los objetivos de la clase obrera: Gramsci hace notar que para lograr los objetivos revolucionarios de la clase obrera, esta primero debe lograr incluir los intereses de otras clases sociales con el fin de lograr su respaldo y así lograr constituirse como una clase dirigente de las clases aliadas, y para lograr este objetivo la ideología debía no ser vista solo como algo negativo o secundario sino como un ámbito donde la clase obrera podía hacerse de la dirigencia y el apoyo de diversos sectores sociales antes de enfrentarse su enemigo (Gramsci, 1999).

Teniendo como referente el antecedente de Gramsci, los autores de la izquierda lacaniana han notado la convergencia que el concepto de Ideologia tiene con conceptos psicoanalíticos como el significante vació, el significante Amo y el punto nodal.

¿Qué importancia tiene el concepto de ideología para pensar los movimientos sociales? ¿Qué es lo relevante de este concepto respecto al antagonismo y la articulación en el campo de lo social? La respuesta tiene que ver con la interpretación y la legibilidad del campo social, esto es, en el campo social la injusticia y la subordinación por sí solas no pueden constituir una conciencia de que los individuos padecen dominación u opresión. Es necesario un discurso, una práctica discursiva que interrumpa la neutralidad de la relación de la subordinación, y es precisamente la ideología como práctica discursiva lo que puede transformar esas relaciones de subordinación en la sede de un antagonismo al identificar el objetivo de las injusticias así como al antagonista de los sometidos. La interpretación del campo social es necesaria para constituir un antagonismo entre las partes de una sociedad y en base a eso buscar promover cambios sustantivos en la misma.

El término movimientos sociales denota el conjunto de luchas organizadas por la igualdad y la justicia en diversos aspectos o facciones de la sociedad.  Los nuevos movimientos sociales denuncian y cuestionan cada vez nuevas formas de dominación, extendiendo los principios democráticos a otros ámbitos sociales (Laclau, 2011). Y la ideología juega un papel importante tanto para denunciar estas injusticias como para justificarlas.

También podemos hacer mención de que como práctica discursiva, que conforma un antagonismo, la ideología también forma parte del “éxito” o reconocimiento de un movimiento social en la medida en que proponen maneras de ver y pensar la sociedad que son más o menos legibles, o sea que pueden explicar la situación de diversos sectores (elementos) sociales o no.

V

Tales son los conceptos que nos permiten pensar la relación de la sociedad con los movimientos sociales desde la perspectiva de los autores de la izquierda lacaniana y en virtud de los cuales finalizamos con las siguientes conclusiones:

1) Que los movimientos sociales son posibles debido al antagonismo inherente a la sociedad (antagonismo como límite, como imposibilidad) y a su vez son el denunciamiento y la interpretación de formas de desigualdad e injusticia en la sociedad misma.

2) Que en el campo social no hay nada que sea fundamental o esencial, no hay nada predeterminado hacia lo cual los elementos de la misma se dirijan de manera inevitable, lo que hay posibilidades diversas de organización y articulación.

3) Que la ideología como practica discursiva de interpretación de las relaciones sociales así como de representación de los elementos sociales, es un aspecto muy importante en la fuerza que un movimiento social pueda desarrollar para incidir en las relaciones sociales.

Pensar los movimientos sociales es una práctica discursiva de suma importancia ya que como tal la distinción entre la teoría y la práctica es ya en sí misma una operación discursiva. Y lo importante es no negar la incidencia y los cambios que los movimientos sociales pueden provocar en las sociedades, además de pensar las maneras en que estos cambios nos conduzcan a ese ideal de sociedades plenas, justas y auténticamente solidarias.

[1] En adelante retomaremos esta denominación para referirnos a los autores mencionados.

[2] Tomamos aquí el concepto “Real” tal como Žižek lo retoma de Lacan: como una causa que en sí no existe, pero que, pese a ser inexistente objetivamente, posee  propiedades y produce efectos.

solid[1]

Bibliografía

Gramsci, A. (1999). Cuadernos de la carcel. Tomo 5. Puebla: Era y BUAP.

Laclau, E. y. (2011). Hegemonía y estrategia socialista. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Marx, K. (1989). Contribución a la crítica de la economía política. Editorial Progreso.

Marx, K. y. (1970). La ideología alemana. México D.F: Grijalbo.

Stavrakakis, Y. (2010). La izquierda lacaniana. Psicoanalisis, teoría y política. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

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